Las carretas viajaba en grupos, y sus características generales diferían según los terrenos en los que debían desplazarse. Tucumán, al igual que Mendoza, se convirtió en un polo constructor de carretas muy importante para la época. Las tucumanas eran famosas ya desde la conquista, no solo por su excelente madera extraída de los bosques locales, sino por la típica construcción que las caracterizaba, al punto de ser llamadas "carretas tucumanas".
Según hemos podido leer en varias publicaciones, a las carretas tucumanas eran reconocidas, entre otras cosas, por el ruido que hacían al avanzar. El sitio web "el folklore argentino.com" destaca: " A las carretas de la provincia de Tucumán se las llamaba castillos y llevaban el techo y la caja de quincha. Eran más pequeñas que las utilizadas en la provincia de Buenos Aires y se las distinguía por el ruido que producía el rozamiento de la maza de la rueda al girar alrededor del eje de madera dura".
Lo mismo, y alguna pintoresca afirmación más, se repite en el Ensayo "Don Pablo Groussac":
"... Es también <San Miguel> depósito de mercaderías y sus habitantes las llevan y las traen.
Fué para este objeto inventada la carreta tucumana, que sólo pudo ser construída, teniendo al alcance de la mano los árboles gigantescos de sus bosques, y que con sus pesadas mazas y formidables ruedas ha aplanado durante dos siglos las rocas en su tránsito por las sierras y cavado las llanuras con surcos que sirven hoy de cauce a las avenidas formadas por las lluvias. La carreta tucumana arrastrándose con el paso tardío del buey en medio de las vastas soledades, ha creado para todos nosotros un RUIDO NACIONAL, si es que pueden asociarse estas dos palabras; y no sería argentino el que despertándose de improviso en la noche y al oír un ruido largo, acompasado y estridente, que se acerca o se aleja, no puede decir: "Es una carreta tucumana que se vá o viene" .
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